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Día 10: Déjate Sanar

15 Días de Encuentros Sobrenaturales | Serie devocional gratis | por Jamie Rohrbaugh | DeSuPresencia.com

¡Bienvenido al Día 10 de nuestra serie devocional gratuita de 15 días de encuentros sobrenaturales!

Cada día de esta serie tiene tres partes: lee, saber que, y ora. Mientras avanzas a través de esta serie, ¡le he pedido a Dios que seas impactado poderosamente y que el Espíritu Santo te lleve a un nuevo nivel de intimidad con Jesús!

Lee:

2 Samuel 7:1-29 (Reina Valera RVR1960):

Aconteció que cuando ya el rey habitaba en su casa, después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor, dijo el rey al profeta Natán: “Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas.”

Y Natán dijo al rey: “Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo.

Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo: “Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more? Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo.

Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: Por qué no me habéis edificado casa de cedro? Ahora, pues, dirás así a mi siervo David:

Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra.

Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa.

Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti.

Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente.” Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David.

Y entró el rey David y se puso delante de Jehová, y dijo:

“Señor Jehová, ¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta aquí? Y aun te ha parecido poco esto, Señor Jehová, pues también has hablado de la casa de tu siervo en lo por venir. ¿Es así como procede el hombre, Señor Jehová? ¿Y qué más puede añadir David hablando contigo?

Pues tú conoces a tu siervo, Señor Jehová. Todas estas grandezas has hecho por tu palabra y conforme a tu corazón, haciéndolas saber a tu siervo. Por tanto, tú te has engrandecido, Jehová Dios; por cuanto no hay como tú, ni hay Dios fuera de ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos. ¿Y quién como tu pueblo, como Israel, nación singular en la tierra?

Porque fue Dios para rescatarlo por pueblo suyo, y para ponerle nombre, y para hacer grandezas a su favor, y obras terribles a tu tierra, por amor de tu pueblo que rescataste para ti de Egipto, de las naciones y de sus dioses. Porque tú estableciste a tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siempre; y tú, oh Jehová, fuiste a ellos por Dios.

Ahora pues, Jehová Dios, confirma para siempre la palabra que has hablado sobre tu siervo y sobre su casa, y haz conforme a lo que has dicho. Que sea engrandecido tu nombre para siempre, y se diga: Jehová de los ejércitos es Dios sobre Israel; y que la casa de tu siervo David sea firme delante de ti.

Porque tú, Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, revelaste al oído de tu siervo, diciendo: Yo te edificaré casa. Por esto tu siervo ha hallado en su corazón valor para hacer delante de ti esta súplica.

Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y tú has prometido este bien a tu siervo. Ten ahora a bien bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti, porque tú, Jehová Dios, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre.

Para el día 10 de nuestros 15 días de encuentros sobrenaturales, siento que el Señor todavía está hablando acerca de la sanidad de los corazones rotos.

Debes saber que:

Después de cualquier gran dolor o decepción, siempre hay un tiempo de sanidad.

Piénsalo de esta manera: Lázaro salió de la tumba con vida, pero todavía estaba envuelto y encerrado en la tumba. Alguien tenía que quitarle esas mortajas, las ropas de tumba, o él no habría podido continuar con su vida de resurrección.

De la misma manera, si tu corazón se ha roto …

  • si ha sido pisoteado …
  • o destrozado en mil pedazos …
  • Tu puedes sanar. Creo que Dios te está sanando ahora mismo. Creo que de eso se trata la palabra de ayer acerca de cuánto El odia las cosas pecaminosas que te hicieron esas personas.

Pero para poder sanar del dolor de un sueño roto o un corazón destrozado, muchas veces tiene que haber una pausa.

En 2 Samuel 7, David le contó a su amigo Natán–un profeta–sobre un sueño que tuvo. Su sueño era construir una gran casa para el Señor.

Al principio, el profeta Natán pensó que era un gran plan. Pero más tarde, el Señor le habló a Natán y le dijo que le dijera a David que “no.”

Sin embargo, el Señor no se limitó a decir nada más “no.” Fue un muy bonito “no,” con un montón de promesas increíbles para David. Sin embargo, estoy seguro de que el “no” todavía duele.

Y luego, David hizo algo que es una de mis cosas favoritas que he leído sobre su vida. 

En 2 Samuel 7:18 dice: “Entonces el Rey David entró y se sentó ante el Señor….”

David no sabía qué hacer. Su corazón estaba devastado. Su sueño y su esperanza habían sido frustrados. Sus grandes aspiraciones ya no iban a ocurrir después de todo.

David no sabía qué hacer, pero sí sabía con quién reunirse. Entonces, él entró y se sentó delante del Señor.

Eso me encanta ¿A tí no?

Las esperanzas de David fueron frustradas, por lo que entonces él se tomó el tiempo de sentarse ante el Señor a sanar.

Recientemente, durante un servicio de adoración, el Señor me dio una visión que me ayudó a sanar mi corazón de un dolor específico. De inmediato entendí cuál era Su punto, y fue de bendición para mí. Fue entonces que, en lugar de simplemente sentarme en la palabra de sanidad que Él me había dado, traté de esforzarme en adorar y alabar con el resto de la congregación.

Pero el Espíritu Santo seguía arrastrándome de regreso a esa palabra de sanidad. No me dejaba continuar.

Me tomó un tiempo entenderlo, pero finalmente entendí que Él sabía que yo necesitaba más ministración, más que tan solo una palabra momentánea. El dolor del que Él me estaba sanando se había ido a lo profuuuuundo. Así que Él quería que yo me sentara ante Él, estuviera quieta y solo recibiera.

Quería que lo recibiera tan profundamente como me habían herido.

Y el Espíritu Santo quiere que TÚ recibas sanidad tan profundamente como has sido herido también.

A veces eso toma tiempo. A veces eso requiere meditar en un cierto punto durante todo el servicio de adoración. A veces es necesario meditar en una palabra profética o pasaje de las Escrituras por días.

A veces es necesario simplemente sentarse ante el Señor, como lo hizo David.

Pero amado, no importa cuánto tiempo te lleve absorber el consuelo que el Señor te brinda, por favor. Te ruego que te sientes con Él en quietud; deja a un lado todas tus cargas y distracciones; y deja que Él te sane.

Si se lo permites a Él, el precioso Espíritu Santo del Dios Viviente te quitará personalmente esos vendajes de la tumba. Te desatará y te liberará, y ya no te dolerá más.

Ora:

“Padre Celestial, en el nombre de Jesús, elijo sentarme ante Ti ahora mismo. Por favor ayúdame a estar quieto ante Ti y a recibir simplemente. Sana mi corazón, Señor Espíritu Santo. Consuélame. Lléname con Tu revelación acerca de lo que me ha sucedido, y vuelve a unir mi corazón, mi cuerpo, mi alma, mi mente y mi espíritu mejor de lo que nunca estuvo antes.

Gracias Padre. En el nombre de Jesús, amén.”

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